Qué vida la mía

Pues aquí ando otra vez, aún sin Internet en casa tras 5 meses... Que si ponte tú ese cable, que si yo no me subo al tejado, que si la Comunidad de vecinos no se hace cargo del seguro por tejas rotas, que si no tengo cable del mismo color que el resto de los vecinos...
Vamos, que en este país es más sencillo montar una coronación real que tener línea telefónica en una buhardilla.
Así que, como lo de irse a una cafetería a usar el Wifi no es lo mío, y seamos sinceros, para la cantidad de gente que está pendiente del blog (y no lo digo porque no comentéis eh?)(bueno, si, lo digo por eso) pues me ha ido comiendo la pereza.
¿Que qué ha pasado conmigo en este año?
Pues a ver, en Febrero comencé una capacitación profesional en un instituto de la ciudad, 720 horas de cursito, con prácticas en empresa y todo. Muy bien, la verdad es que me gustó mucho sin entrar en grandes especificaciones, porque como os figuráis no llueve al gusto de todos. ¿Que podría haber sido mejor? Por supuesto, pero peor también así que entraremos en la dinámica de no quejarnos.
Conocí a gente estupenda e interesante, aprendí bastante aunque también tengo que decir que, la verdad, comparada con otras compañeras, creo que no le saqué todo el jugo. Eso, o que mi imaginación y mi entusiasmo están en sus horas más bajas, que no diré que no.
Maquillaje integral, que comprendía maquillaje social, maquillaje para medios escénicos, micro pigmentación y tatuaje. Ahora tengo un título (o lo tendré cuando la burocracia quiera) que me permite trabajar en cualquiera de los ámbitos arriba descritos. Si si, tatuadora también. Pero no preocuparse, tengo muy claro que nací para ser tatuada, no al revés. Es demasiada presión y demasiada responsabilidad, y conociendo el descomunal grado de autocrítica y perfeccionismo casi enfermizo que tengo, nunca jamás sería capaz de poner una aguja sobre nadie.

La casita, también conocida como pulguero, va viento en popa. Se nos cae el termo, la barra del armario improvisado, se nos sale el agua por la junta de la pared que da a la ducha... Vamos, algo completamente normal en un piso reformado hace 8 años... Si pillo a los de la reforma pongo a Dios por testigo que les rebano los cojones con el cutter sucio. Vaya chapuzas. Pero gracias a que Mr. Fortius es mucho más tranquilo y paciente que yo, y sobre todo, a que es capaz de pasar olímpicamente de mis gruñidos, vamos apañándonos poco a poco y la verdad, nos está quedando bastante bien. Si los radiadores de aceite funcionan como deben, yo creo que para finales de este año podremos darlo por terminado (bueno, quedará re-pintar, pero qué es eso a comparación de todo lo que hemos hecho ya...)

Por lo demás, poco que contar. Me hice un tatuaje nuevo, me teñí el pelo de rosa, luego de pelirrojo otra vez, que pasó a ser rubio para volver a ser pelirrojo. Engordé todo lo que había adelgazado y aunque a veces me siento mal por ello, lo sobrellevo con toda mi dignidad.

En fin... que si San Orange quiere, espero volver más a menudo.

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